No es exagerado afirmar que la relación del hombre con Dios y la exigencia de una experiencia religiosa constituyen el punto crucial de la crisis profunda que afecta al espíritu humano. Mientras sigue avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, hay una nueva demanda de espiritualidad, como lo muestra la aparición de muchos movimientos religiosos y terapéuticos, que pretenden dar una respuesta a la crisis de valores de la sociedad occidental.
Juan Pablo II
Discurso al tercer grupo de los Obispos de Estados Unidos, 28 /5/1993
Hoy resulta casi imposible utilizar el término “secta” para referirnos a una diversidad de grupos, actitudes o situaciones sin que nuestra imaginación se pueble de una serie de asociaciones que muchas veces son totalmente ajenas a nuestra intención. Suicidios colectivos, abusos físicos y psicológicos, utilización de estupefacientes, manipulación de la personalidad. Todas actitudes que resultan socialmente condenables y que se asocian al término “secta”.
Esto hace que el vocablo esté cargado de una connotación no solo negativa, sino incluso despectiva que muchos estudiosos y especialistas quieren evitar. Pero por otra parte, al decir ¿qué término refleja con mayor claridad al tipo de grupos o actitudes al que queremos referirnos cuando hablamos de “secta? Por otra parte cuando se utiliza la palabra “secta” en términos generales, se engloba una cantidad de situaciones tan diversas que resultar prácticamente imposible ser preciso respecto de lo que se quiere decir.
Por lo tanto, la primera de la dificultades que se debe afronta en esta área, es lograr un acuerdo acerca de la denominación más adecuada que debiera aplicarse a estos grupos, y el contenido que ha de darse al vocablo elegido.
Muchos evitan emplear el término “secta” para evitar su carga despectiva hacia el grupo y/o personas que lo integran y creen necesario dejar de lado esta carga negativa para poder dar un tratamiento adecuado al tema. Por este motivo recurren a diversos y complicados giros semánticos tales como “nuevas religiones”, “nuevos grupos religiosos”, “cultos”, “movimientos religiosos libres”, etc..
Con quienes así consideran la cuestión, coincido en que es preciso evitar el tono despectivo que se le suele dar al asunto. Toda opción religiosa es digna del mismo respeto y toda persona debe ser respetada en su opción más allá de cuáles sean sus creencias. Pero por otro lado también es cierto que con los términos que se suelen utilizar para evitar hablar de “secta”, generalmente se carece de precisión y se tiende a confundir con movimientos o grupos que nada tienen que ver con aquello a lo que queremos referirnos cuando decimos “secta”. Por ejempo, cuando se habla de los “nuevos movimientos religiosos”, se corre el riesgo de que se comprenda en el mismo grupo a nuevos movimientos surgidos al interior de las iglesias históricas, o a nuevas iglesias que se han conformado en el desarrollo del último siglo. En ninguno de estos casos se trata de sectas.
La cuestión de la denominación, se ve además complicada por la amplitud del universo de grupos a los que suele aplicarse el término en cuestión.
Consideremos que esta dispersión de la experiencia religiosa ha dado como producto grupos con un número de adherentes reducido y circunscripto (como es el caso por ejemplo de Lineamiento Universal Superior de Valentina de Andrade) o a la vez grupos con multitud de adherentes muchos de los cuales suelen utilizan de un modo confuso la denominarción de “Evangélicos”.
También hay una gran variedad en cuanto a la forma de estructuración de las organizaciones: algunas organizaciones son de tipo claramente piramidal, como los Testigos de Jehová; otras en cambio carecen de una estructura fácilmente identificable como los que se suelen englobar como grupos “afro-brasileros”.
Para complicar la situación, hay que considerar grupos que tienen un propósito clara y definidamente religioso como los Mormones; a la vez que otros desarrollan “pantallas” que desdibujan su propósito religioso, tal es el caso de muchos grupos de yoga o de ayuda terapéutica; otros en cambio desarrollan actividades aparentemente de corte puramente comercial, como la Cienciología; o son percibidos primariamente como grupos de choque político, como muchos grupos neo-nazis.
Como contrapartida, si bien se mantiene la dificultad de encontrar una definición precisa, culturalmente todos coincidimos de modo intuitivo en lo que queremos expresar cuando hablamos de “sectas”. Quizás lo que esté faltando es que despojemos el vocablo de la carga despectiva que se le suele dar.
El término“secta” en español, proviene del latín; aunque no podamos precisar con exactitud su raíz que podría encontrarse tanto en “sequor” (marchar detrás, seguir a un maestro particular), como en “sector” (cortar, separar, sectorizar a partir de un tronco principal). De aquí que se pueda afirmar que su contenido alude claramente a un grupo o forma social que se separa de un grupo de origen preexistente, en seguimiento de un jefe carismático o de sus enseñanzas.
De hecho, el Diccionario de la Real Academia Española relaciona 3 significados para el término “secta”: (Del lat. secta). 1. f. Conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica. 2. f. Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra. 3. f. Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa.
De estos 3 significados, solamente el tercero puede ser considerado en algún aspecto arbitrario, ya que la falsedad de una doctrina dependerá del punto en que se ubique quien realice la calificación.
Esto significa que si tomamos el vocablo en su sentido propio y originario, “secta” nos permite designar claramente y con gran amplitud, muchos de los grupos que nos ocupan, sin que ello conlleve carga despectiva alguna. Es más, es en este sentido en el que, durante el siglo I, los escritores romanos se referían a los cristianos como una secta judía: cristiano era aquel que, separándose del tronco histórico del judaísmo, seguía adorando al Dios de Abraham, Isaac y Jacob según las enseñanzas de Jesucristo, Hijo Único de Dios.
Pero además, “secta” es el término que se ha empleado habitualmente en nuestra lengua para traducir el griego “háiresis” usado en el Nuevo Testamento (Ga 5,20; Tt 3,10; 2P 2,1) y con el que los Apóstoles se refieren a las escisiones y grupos heréticos surgidos en la primitiva comunidad cristiana como consecuencia de doctrinas erróneas que se desarrollaban fuera de la comunidad eclesial. Este es el sentido fundante que se ha dado al término en nuestro Occidente cristiano.
Si comprendemos entonces el término “secta” de esta manera como referido a un grupo que se margina de un contexto social en el que ya no se considera contenido doctrinal, social o afectivamente, y despojándolo de toda connotación que implique desprecio; podemos aplicarlo a lo largo de la historia a distintas profesiones religiosas u organizaciones sociales.
En un principio (como ya señalamos) los cristianos fueron considerados como una secta judía por los historiadores del Imperio Romano, del mismo modo como se consideraba a los fariseos, los saduceos y los esenios como otras tantas sectas o divisiones judías.
En un tiempo más cercano a nosotros las iglesias surgidas de la Reforma del siglo XVI (el luteranismo, el calvinismo y el anglicanismo entre otras), recibieron en un principio esta misma denominación ya que se trataba de escisiones del tronco católico.
Una consideración especial particular debemos dar a las grandes religiones del extremo Oriente como el Budismo. En este caso no existen estructuras religiosas claramente definidas (lo que los cristianos solemos denominar “iglesia”) que permitan definir con claridad quién pertenece y quién no, quién enseña lo correcto y quién no. Por este motivo, en estas tradiciones se suele referir a las diversas escuelas que siguen las enseñanzas de diferentes maestros como “sectas”. Por lo tanto, el término dentro de este contexto tiene un significado claramente diferente del que tiene en el de una iglesia cristiana.
Sin embargo, como veremos en otros capítulos, en Occidente podemos hablar de “sectas” de origen budista o hindú merced al proceso de “occidentalización” que han sufrido esas doctrinas en su presentación en occidente por algunos líderes religiosos.
Sintetizando:
Términos habitualmente en uso:
- Sectas
- Nuevos Movimientos Religiosos
- Nuevas Religiones
- Cultos
- Movimientos Religiosos Libres
- Agrupaciones Religiosas
Dos acepciones al término “secta”:
- Principal - Grupo de personas que se auto-excluye de su entorno social, religioso y/o cultural al no considerarse ya contenido doctrinal, social o afectivamente en el grupo de origen.
- En el contexto de algunas religiones orientales – denominación que suele aplicarse a las diferentes escuelas formadas alrededor de las enseñanzas de un maestro.